Carta para Dios
Martes, 03 de Abril de 2007 09:04

Dios Padre, tú que todo lo sabes y has visto en mí corazón el sufrir de
tantos años, el cargar las pesadas culpas, mis alegrías y fracasos, hoy
quiero volver a tí y presentarte a mí hijo José Pablo.

Hoy nuevamente quiero pedir perdón, pero un perdón diferente, un
arrepentimiento más conciente y a la vez que sale del alma, un
arrepentimiento fruto del haber realizado una mirada profunda a lo que
tantas veces trate de ignorar.

Tú bien sabes cuan cerca he tratado de estar de tí, a pesar de mis infinitos
errores, ya no hay vuelta atrás, lo pasado, pasado está, pero hoy puedo
sentir tú cercanía más aún. Sé que recibiste a mí hijo, que lo has acunado
todos estos años y que tienes para mí la mirada de un Padre bondadoso, que a
pesar de todo ama a sus hijos y no los abandona nunca.

Quiero darte las gracias porque me has dado la oportunidad de conocer a mí
hijo que no nació, gracias porque puedo de ahora en adelante, sentirlo vivo,
como una presencia concreta en mí vida y eso me ha hecho tanto bien; gracias
por sentir una paz interior que no imaginé, un descanso para mí atormentado
corazón; gracias Padre bueno por haber puesto en mí camino a personas que me
han ayudado a entender, a encontrar palabras de alivio y perdón.

Gracias por no haberme abandonado nunca, por no permitir que hiciera con mí
hija lo que una vez hice e hicieron conmigo; gracias porque aún tengo tanto
tiempo de disfrutar de mis hijos, de todos y del fruto de mi hija que me
hace por momentos sentir la tibieza de mí bebé o imaginármela al menos.

Señor, siempre te busqué, durante mi niñez, en los días del colegio, cuando
fuí madurando y formé mi familia y hoy que soy una mujer adulta, te puedo
sentir más cerca que nunca. Me has dado la gran oportunidad de mí vida, el
poder mirar de frente esa etapa dolorosa que viví, con una mirada que ha ido
cambiando con el correr de estos meses en que he pasado desde la angustiosa
ansiedad a la añorada calma, en donde he trabajado por primera vez la
ausencia de mí hijo que no nació.

Confío en tí y tu infinita misericordia, en que estas a mí lado, contento,
porque estaba perdida y me has encontrado, rodeándome de nuevas sensaciones
que hacen de mí una mejor persona.

Permite que de ahora en adelante sea una mejor madre, que tú mano cálida
este siempre conmigo y que la Mater no me abandone y me ilumine para que
pueda dar testimonio vivo de esta nueva vida que me ofreces

Gracias Padre....


Santiago de Chile, diciembre de 2005

Última actualización el Martes, 03 de Abril de 2007 09:06
 
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