Carta Abierta al Colegio de Psicólogos de Chile, en respuesta al Comunicado “Salud Mental y aborto terapéutico” PDF Imprimir E-mail
Miércoles, 25 de Noviembre de 2015 22:31

 

Estimados Colegas Colegiados/as:

Mi nombre es Paz Fernández Kocksch, soy psicóloga titulada por una universidad reconocida por el Estado desde el año 2008. No estoy colegiada, porque discrepo de algunas de las directrices que plantea el colegio, y justamente la declaración que acaban de emitir en torno al aborto terapéutico y la salud mental reafirma mi postura de no colegiarme.

Les escribo en primer lugar para manifestar mi rechazo al comunicado que emitieron. En segundo lugar para contar mi experiencia personal trabajando en la temática de las secuelas psicológicas del aborto y realizar un humilde aporte a la reflexión de nuestro quehacer.

Soy voluntaria de Corporación Proyecto Esperanza desde el año 2009. Dicha institución se dedica precisamente a realizar acompañamiento a aquellas mujeres que han sido víctimas de un aborto, y que sufren en silencio, o incluso muchas veces no son conscientes de las repercusiones en el carácter y en sus relaciones sociales de la decisión que tomaron.

Cuando conocí esta institución, lo primero que me llamó la atención fue descubrir esta temática, y darme cuenta que en la Universidad nunca siquiera se abordó el dolor y sufrimiento que puede tener una mujer al realizarse un aborto ni el tiempo que esto puede conllevar, quizás porque es un dolor muy oculto y muy silenciado.

Me llama poderosamente la atención que pretendiendo realizar una declaración en base a revisión bibliográfica, dicha revisión tenga una clara tendencia sesgada y se pierda de vista y no se revise publicaciones o páginas que sí se han manifestado con estudios en torno a la existencia de las secuelas psicológicas que produce un aborto, y que no tiene que ver con la condición de clases sociales o de clandestinidad que ustedes refieren en su comunicado. El hecho de que el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales DSM-V no lo reconozca como tal, no significa que dichas secuelas no existan; es más, el DSM ha sufrido diversas modificaciones desde su primera publicación hasta la última. Ha habido patologías que actualmente no tienen tal categoría, y otras que en principio no estaban y que con el transcurso de los años se han ido agregando, por ende, la palabra del DSM no es una palabra definitiva, sino que transitoria y que debe estar sujeta a continuas modificaciones. De igual forma, el hecho de que un aborto se realice en una clínica con todas “las garantías de salud y de higiene” no evita que un gran número de mujeres no quede con secuelas psicológicas e incluso biológicas que les dificulten y hasta impidan embarazos posteriores.

Como prueba de ello quisiera referirme a la experiencia en Estados Unidos. En Estados Unidos el aborto es legal y de libre demanda desde hace más de 40 años; por tanto dentro de la cultura norteamericana el discurso del aborto como un derecho está inserto en la sociedad, se ve como algo normal y no se criminaliza o enjuicia a aquellas mujeres que deciden abortar. Sin embargo es interesante conocer que Norma Leah McCorvey, conocida bajo el pseudónimo Jane Roe, y quien fuera la mujer que presentó el caso, falso por lo demás, de violación que dio inicio al aborto por libre demanda, actualmente esté colaborando con instituciones a favor de la vida, dando cuenta del daño que ha causado el aborto en miles de mujeres norteamericanas.

Desde el año 1984 surge Proyecto Raquel, que brinda un apoyo espiritual a mujeres que sufren con el dolor de su aborto, y desde el año 2003 existe la campaña “Silent no more”. Desde el lanzamiento oficial de la Campaña en 2003, más de 4.500 mujeres y hombres han compartido sus testimonios en alrededor de 800 Reuniones ocurridas en 48 estados y 10 países. La fundadora refiere que la consigna de la campaña es “Me arrepiento de mi aborto”, “Me duele el corazón haber abortado”. Si en un país donde existen todas las libertades para abortar, existen también estas instituciones, quiere decir que el dolor y culpa que ocasiona un aborto, no se genera desde un locus de control externo como se quiere hacer creer, al decir que proviene de una sociedad que criminaliza; sino desde un locus de control interno, y es más, desde lo más interno y profundo de la persona.

Tampoco se puede argumentar que se deba a una concepción religiosa previa, ya que el dolor de un aborto es transversal a las concepciones religiosas que pueda tener o no una persona.
Quisiera abordar ahora el punto relacionado directamente con la violación. Es cierto que es un tema sumamente complejo, y que se deben seguir realizando esfuerzos por potenciar terapias reparadoras, sin embargo el trauma de una violación no se va a superar con el trauma de un aborto. Todo lo contrario. Una joven o niña que ha sido violada está en una condición de vulnerabilidad extrema, su autoestima está destrozada y no está en condiciones de determinar por si misma si abortar, o como se le quiere llamar eufemísticamente “interrumpir voluntariamente su embarazo” es la mejor alternativa, por tanto la mayor responsabilidad recae en su familia y en las figuras adultas significativas. Considerando que la gran mayoría de embarazos precoces productos de violación ocurren dentro de situaciones de abuso sostenidos en el tiempo, de relaciones de incesto, donde no solo está presente la penetración carnal, sino que ante todo el abuso psicológico, la seducción, la amenaza coercitiva, y en algunos casos incluso la complicidad por parte de la madre de la joven, no es de extrañar entonces que sea este entorno el principal interesado en que la joven aborte, y en no brindarle ningún tipo de contención y apoyo emocional ante la develación de un embarazo.

Por otra parte, muchas de las mujeres que instan a sus hijas a abortar, lo hacen debido a que ellas a su vez se vieron forzadas a la misma decisión, viendo en el aborto la única solución plausible, y no teniendo un repertorio conductual alternativo que les permita brindar el apoyo que las jóvenes necesitan, lo que conlleva a perpetuar un patrón transgeneracional de trauma y dolor.
Si bien es cierto que llevar un embarazo a término en estas condiciones es complejo, y requiere de un apoyo psicológico importante, no es menor que este mismo embarazo puede presentarse como la oportunidad que tiene la joven de desarrollar una capacidad de resiliencia, desconocida por ella hasta ese minuto; he tenido la oportunidad de compartir con jóvenes abusadas, y la mayor queja que he escuchado es “Cómo mi mamá no se dio cuenta, cómo no hizo nada para que no pasara”

. Frente a esta queja, la maternidad les permite descubrir que pueden defender a alguien más indefenso que ellas, como les hubiera gustado ser defendidas. Es común encontrar en estos relatos frases tales como “Este bebé va a ser mío y de nadie más, al principio no lo quería tener, al principio me causaba rechazo darle pecho, pero poco a poco ha ido creciendo y su sonrisita me ha robado el corazón”. La posibilidad de la maternidad se convierte entonces en la gran posibilidad de reparar sus propias historias, siempre y cuando tengan dentro de su entorno figuras significativas que les infundan confianza sobre todo hacia ellas mismas, y es ahí donde nuestro quehacer profesional cobra un valor sumamente relevante. Demás está decir que con el aborto, todo este potencial se ve anulado, limitando a la joven a ser una víctima de sus circunstancias.

Con relación al diagnóstico de inviabilidad fetal, es importante mencionar que prácticamente todas las enfermedades consistentes en malformaciones graves se detectan a partir del 2° trimestre del embarazo, cuando ya el feto está formado, tiene terminaciones nerviosas y por consiguiente siente dolor. El aborto entonces se constituye como una práctica de tortura, un tratamiento cruel y degradante hacia ese individuo de la especie humana, incompatible con un ejercicio ético de la profesión, según el mismo código de ética del psicólogo lo plantea, en su artículo 17, punto 3. El tratamiento que recibe el cadáver del niño/a en gestación atenta contra todo principio de dignidad humana, al ser tratado como desecho orgánico, terminando literalmente en el tarro de la basura.

Por otro lado, quienes hemos trabajado con la temática de la elaboración del duelo, sabemos que es necesario poder realizar ciertos rituales para poder significar adecuadamente la experiencia dolorosa. En este sentido el duelo se hace mucho más llevadero cuando ha habido un acompañamiento, una preparación a la despedida, un ritual fúnebre, a que cuando se realiza un aborto, donde no se tiene acceso al cuerpo del bebé, ni menos donde poder recordarlo, y es más, la madre debe actuar como si ese hijo nunca hubiese existido dentro de su ser, ya que el aborto no elimina el sufrimiento de saber que ese hijo o hija va a fallecer, antes bien, intenta ocultarlo e ignorarlo.
Ante esta situación vuelvo a citar el mencionado punto 3 del artículo 17 del código de ética del psicólogo, que dice: “El psicólogo/a no podrá promover técnicas, conocimientos ni entrenamiento, que faciliten la práctica de la tortura o de otras formas de tratamiento cruel, inhumano o degradante, ni tampoco tratar de modificar el comportamiento de la víctima para disminuir su capacidad o habilidad de resistir ese tratamiento”

Al menos a mí se me hace evidente que se deben realizar todos los esfuerzos por acompañar tanto la situación de una violación, como la de un diagnóstico fetal letal, ya que la práctica del aborto constituye un atentado grave contra la ética de mi profesión, tanto en el conocimiento empírico que tengo de las secuelas psicológicas que sufre la madre, como en la degradación humana que sufre el feto.

Si el hecho de estar colegiados supone un espacio serio y reflexivo en torno a nuestro quehacer, los invito a generar espacios o seminarios donde se pueda dar a conocer testimonios de mujeres que han abortado, y que han hecho un camino de reconciliación con ellas mismas y con sus hijos abortados a través de Proyecto Esperanza, ya que es finalmente la riqueza del discurso y la singularidad de cada caso lo que más nos nutre como profesionales.

Finalmente anexo una serie de páginas y de investigaciones que pueden consultar en caso de querer ahondar más respecto de las secuelas psicológicas del aborto.
Esperando que esta carta les sirva para ampliar su mirada en torno a un tema tan delicado como es el dolor que ocasiona un aborto, me despido cordialmente.

Ps. Paz Fernández Kocksch
Voluntaria Proyecto Esperanza

Sitios de interés y publicaciones científicas
• http://esperanzaposaborto.org/
• http://hopeafterabortion.com/
• http://melisainstitute.org
• http://www.menandabortion.info/
• http://www.operationrescue.org/
• http://proyectoesperanza.net
• http://www.silentnomoreawareness.org/
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